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Robert Kennedy, ¿también
víctima
de un complot?
• Nuevas evidencias
gráficas muestran que los grupos de la
CIA, las mafias italo-americana y cubana
que hacen el trabajo sucio de
Washington, están relacionados no sólo
en el asesinato del presidente John F.
Kennedy, sino también en el de su
hermano Robert
POR GABRIEL MOLINA
LA
BBC de Londres y el diario The
Guardian dieron a conocer
sensacionales filmaciones y fotografías
en las que aparecen tres altos oficiales
operativos de la CIA en el hotel
Ambassador de Los Angeles, donde fue
asesinado en 1968 el entonces candidato
a presidente.
El
ex Fiscal General había acabado de ganar
la candidatura del Partido Demócrata
aquel 5 de junio, algunos meses antes de
la elección que, según los cálculos, lo
llevarían a la presidencia de Estados
Unidos.
Los altos oficiales ocuparon cargos de
responsabilidad en las gigantescas
operaciones secretas contra Cuba durante
los años 60 desde la Estación JM Wave,
situada en Miami, la mayor de la Agencia
en esa época. Los identificados son
Gordon Campbell, que se desempeñaba en
aquella cruzada como jefe de Operaciones
Marítimas; George Joannides, jefe de
Operaciones de Guerra Psicológica, y
David Sánchez Morales, jefe de
Operaciones Especiales.
El
informe dado a conocer es el resultado
de tres años de investigaciones
realizadas por el cineasta Shane
O’Sullivan, las cuales revelan que esos
altos oficiales estuvieron asignados en
1963 a la guerra secreta contra el
Gobierno de Fidel Castro, uno de cuyos
objetivos era asesinar al líder cubano.
Las evidencias han hecho volver a poner
en la actualidad al grupo CIA-mafia y
gangsters de origen cubano que, según la
investigación del Comité del Congreso de
Estados Unidos, pudo también haber
estado implicado en el magnicidio de
Dallas.
El
reporte de Shane O’Sullivan, transmitido
el lunes 20 último en BBC Newsnight,
revela que los operativos y cuatro
asociados, aun no identificados, estaban
en el Hotel Ambassador, momentos antes y
después del atentado. Esa presencia es
sospechosa porque “la CIA no tiene
jurisdicción doméstica y algunos de los
oficiales estaban basados en el Sudeste
de Asia y no tenían razón de estar en
Los Angeles”.
Kennedy había acabado de ganar las
primarias de California con un programa
contra la guerra en Vietnam y ya estaba
asegurado para retar a Richard Nixon en
los comicios presidenciales, cuando fue
asesinado. El supuesto autor del crimen,
el palestino Sirhan Sirhan, fue
arrestado, con un arma en la mano, en la
cocina-pantry donde ocurrió el hecho. En
el proceso, psiquiatras aportados por la
defensa convinieron en que Sirhan, de 24
años de edad, estaba en trance en aquel
momento y pudo haberse hallado en estado
de hipnosis. Una libreta de notas con la
frase “RFK debe morir”, que se halló en
poder de Sirhan, pudo también haber sido
escrita en el mismo estado hipnótico.
El
doctor Herbert Spiegel, una autoridad
mundial en hipnosis de la Universidad de
Columbia, cree que Sirhan pudo haber
sido programado para actuar como un
señuelo del real asesino.
En
los interrogatorios, Sirhan dijo
recordar que una muchacha lo llevó a un
lugar muy oscuro, donde una pandilla lo
choqueó. Agregó que no recuerda haber
disparado a Kennedy.
En
diciembre de 1998 su abogado, Lawrence
Teeter, reclamó un nuevo juicio para
Sirhan que fundamentó en distintas
evidencias. Una de ellas fue la
autopsia, retenida por la Fiscalía
durante el juicio, la cual muestra que
el tiro fatal vino desde detrás del
Senador y disparado al manos a sólo una
pulgada de distancia y lo máximo a 3
pulgadas. Sirhan estaba cara a cara con
Kennedy y el arma en su mano a una
distancia entre 1,5 a 5 pies del ya
candidato favorito para las elecciones
de la presidencia. Posteriores
investigaciones arrojan que había más
huecos de bala en el marco de una puerta
en la escena del crimen, que los tiros
disparados por el arma de Sirhan, lo
cual da pie a la sospecha de que hubo
más de un tirador. El marco en cuestión
fue destruido como lo fue una segunda
arma que se ocupó por la policía de Los
Angeles. Se alegó que hubo una orden
judicial, pero la Defensa no tuvo
noticias del hecho.
Además, un guardia de seguridad nada
simpatizante de Kennedy admitió que se
encontraba de pie en contacto directo
con la espalda del Senador y que se
agachó cuando sonaron los tiros y
extrajo su revolver. Un testigo ignorado
por la policía —dijo el letrado— declaró
que vio disparar al guardia. Nunca se
examinó su arma, a pesar de que la
autopsia reveló también cómo “las
perforaciones en el cuerpo describen un
ángulo hacia arriba, como si hubiera
sido disparada desde abajo”. En aquel
mismo instante, el fotógrafo Jaime Scott
Enyert fue bruscamente acometido y
arrestado a punta de pistolas. Su cámara
con las fotos fue incautada.
El
más importante de los oficiales de las
fotos y videos identificado por algunos
testigos, es Morales, un consuetudinario
bebedor, quien dijo en una ocasión a sus
íntimos amigos: “Yo estaba en Dallas
cuando cogimos al hijo de perra y yo
estaba en Los Angeles cuando cogimos al
pequeño bastardo”.
Morales es descrito por Tom Clines,
también jefe en la JM Wave, como una
leyenda en casi todas las operaciones
encubiertas de la CIA, siempre ligado a
los actores principales de ese grupo del
trabajo sucio, en particular Ted
Shackley, quien fue Subdirector de
George Bush, padre, para operaciones
Especiales en la CIA cuando George Bush,
padre, era director y David Atlee
Phillips, jefe de las operaciones contra
Fidel Castro y contra Salvador Allende.
El siniestro grupo ya estaba formado en
1954 para ejecutar el derrocamiento de
Jacobo Arbenz. Morales estuvo en Cuba
con Philips entre 1958 y 60, donde apoyó
a Batista y combatió a Fidel Castro.
Participó asimismo en el golpe de Estado
de Chile en 1973. En Santiago ayudó a
Pinochet en su campaña para derrocar al
presidente Allende, y después en la
feroz represión.
Además del liderazgo en la Estación JM
Wave que organizó la invasión por la
llamada Bahía de Chinos, según el
oficial CIA, Tom Clines, Morales
participó con Félix Rodríguez en la
persecución y asesinato de Che Guevara y
en la Operación Cóndor, donde estuvo
envuelto en importantes asesinatos.
El
investigador Gaeton Fonzi reveló que
Morales pudo haber sido el hombre de
aspecto latino que fue visto con Lee
Harvey Oswald en la casa de Silvia Odio
en New Orleans, de acuerdo al testimonio
del ex agente CIA Paul Bethel, quien
trabajaba para Philips. Fonzi y otros
investigadores involucran también en el
magnicidio a Carl E. Jenkins, Chichi
Quintero, William Pawley, Roy Hargraves,
Edwin Collins, Herminio Díaz, Tony
Cuesta, Eugenio Martínez, Virgilio
González y. Felipe Vidal Santiago, Luis
Posada Carriles y Orlando Bosch.
O’Sullivan pudo identificar a Morales a
partir de una foto de éste personaje,
tomada en Cuba en 1959.
Uno de los oficiales CIA de JM Wave,
Bradley D. Ayers, identificó en la
filmación a Sánchez Morales, Campbell y
Joannides y denunció en una carta en
1994 que ellos tres y muchos de la JM
Wave tuvieron “íntimo conocimiento
operacional con las circunstancias que
rodearon el asesinato del presidente
Kennedy”. Citó además a Theodore
Shackley, Félix Rodríguez, Thomas Clines,
Grayston Lynch, Rip Robertson, Edward
Roderick y Tony Sforza.
Morales, quien temía un ataque contra
su vida por parte “de su propia gente”,
murió de un sospechoso ataque al
corazón, días antes de testificar ante
la Comisión Selecta de la Cámara de
Representantes que investigaba el
asesinato del presidente Kennedy.
También ingresaron en la larguísima
lista de muertos en misteriosas
circunstancias de este proceso, el capo
mafioso Sam Giancana, John Rosselli, Rip
Robertson y el empresario y agente
William Pawley, antes o después de
declarar, citados por la Comisión.
Paul
Schrade, quien caminaba detrás de Robert
F. Kennedy cuando fue asesinado, cree
que las frescas evidencias son
importantes y deben ser investigadas.
“Me parece muy extraño que estuviesen
presentes esos personajes en una
celebración de Robert. ¿Por qué estaban
allí, qué hacían?, expresó Schrade al
ser interrogado el propio día 20 sobre
las revelaciones, cuando se encontraba
con Max, un hijo de Robert Kennedy, en
el edificio del antiguo Hotel Ambassador.
En esta fecha se recordaba el 81
cumpleaños del asesinado candidato,
visitando ambos las obras del proyecto
para convertir el hotel en una escuela
secundaria.
Aún están sin desclasificar documentos
claves de la CIA que según la
investigación de los congresistas en
1978, demostrarían la teoría de la
conspiración que acabó con la vida del
presidente Kennedy. Ahora las
evidencias apuntan también en el caso de
Robert hacia los mismos sospechosos, 43
años después del magnicidio. Ellas
corroboran que aquello fue un verdadero
Golpe de Estado, cuyos autores aún son
protegidos.
A
pesar, o tal vez a causa precisamente de
la particular miopía que ostenta el
presidente Bush sobre el terrorismo.
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