Durante el proceso
investigativo, se precisó que el
vehículo salió de La Habana sobre las
06:00 horas de ese día, conducido por
Ángel Carromero, y se dirigió a Santiago
de Cuba. Jens Aron viajaba en el asiento
delantero derecho; Oswaldo Payá en el
asiento trasero izquierdo y a su lado
Harold Cepero. Estos dos últimos no
llevaban puesto el cinturón de
seguridad.
El tramo de la carretera
en que ocurrió el accidente está en
reparación y por espacio de unos dos
kilómetros no se encuentra pavimentada
la superficie de rodamiento, lo cual lo
convierte en una especie de terraplén
con abundante gravilla; por tanto, muy
resbaladizo. El análisis pericial arrojó
que el lugar es una vía recta que cuenta
con buena visibilidad y había una señal
que indicaba la existencia de hombres
trabajando en su mantenimiento,
precedida de otras similares que alertan
a los conductores de los tramos en
reparación.
Al respecto, el apartado
dos del artículo 127 de la Ley 109, de
seguridad vial, establece que "no se
debe conducir un automóvil a una
velocidad mayor de 60 kilómetros por
hora en camino de tierra o terraplén"; y
en el 128 que "Sin perjuicio de lo
dispuesto en los artículos anteriores,
en relación con el límite general de
velocidad, el que guíe un vehículo o
animal por la vía debe tener pleno
dominio de su movimiento y está obligado
a moderar la marcha y si es preciso
detenerla siempre que la circulación,
estado de la vía o la visibilidad lo
imponga", en especial, "cuando la
superficie está resbaladiza por agua,
grasa, arena, lodo u otras sustancias o
estas puedan proyectarse hacia los
vehículos y peatones".
El dictamen pericial y
las declaraciones de tres testigos
presenciales del accidente: José Antonio
Duque de Estrada Pérez, Lázaro Miguel
Parra Arjona y Wilber Rondón Barrero,
permitieron establecer que el auto
irrumpió al terraplén a exceso de
velocidad. Al respecto, el capitán Jorge
Fonseca Mendoza, perito del lugar del
hecho (12 años de experiencia), apuntó
que el conductor aplicó los frenos de
una manera abrupta, ochenta metros
después de haber entrado al terraplén,
perdió el control del vehículo y el
carro giró del costado izquierdo por
espacio de 63 metros, con el frente
hacia la cuneta y el maletero hacia el
centro de la vía, hasta impactar con un
árbol en el borde derecho de la
carretera, lo cual confirma la extrema
velocidad con que era conducido.
José Antonio Duque de
Estrada, trabajador del Instituto
Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH),
quien reside en el municipio granmense
de Río Cauto y transitaba por el lugar
del hecho en una bicicleta, declaró al
Órgano de Instrucción:
"El carro me pasó a alta
velocidad por al lado, con seguridad iba
a más de 100 kilómetros por hora. Rebasó
a un tractor que también iba en la misma
dirección y después vi una tremenda
polvareda, cuando entró a un tramo que
está en mal estado. Al aproximarme, ya
con menos polvareda, vi al carro
impactado contra un árbol en la cuneta.
A mi modo de entender, la razón más
clara que yo veo del accidente es el
exceso de velocidad. Al caer en el
terraplén no es lo mismo que en el
pavimento, no hay freno que valga, el
carro no se sujeta, se desliza y se
impactó contra el árbol".
Por su parte, Lázaro
Miguel Parra Arjona, tractorista del
INRH y vecino de La Sal, en el municipio
de Yara, confirmó esta versión: "El
carro me adelantó a gran velocidad;
luego vi la nube de polvo fuerte y
cuando bajó el polvo pude ver el auto
impactado en el árbol que está en la
cuneta".
Tanto José Antonio como
Lázaro conducían en la misma dirección
del auto accidentado, pero Wilber Rondón
Barrero, campesino de Río Cauto, venía
en dirección contraria, a unos cien
metros de distancia del sitio donde
ocurrió el siniestro. "Cuando me
acercaba vi que el carro perdía el
control y se impactaba contra un árbol
de la cuneta", declaró.
Un equipo de la
Dirección de CriminaIística integrado
por: teniente coronel Misael Fontes
Pérez, oficial de la Sección de Averías,
Explosiones e Incendios (19 años de
experiencia como perito); teniente
coronel Inardi Reyes Uriarte, jefe de la
Sección Provincial de Criminalística de
Granma (11 años de experiencia como
perito) y el capitán Jorge Fonseca, de
conjunto con Fidel Núñez Guevara, jefe
de Ingeniería del Tránsito en la
provincia Granma (9 años de experiencia
como perito), concluyó categóricamente
que el conductor manejaba a exceso de
velocidad y que el vehículo presentaba
una abolladura de 67 centímetros de
ancho con 45 centímetros de profundidad
en el lateral izquierdo trasero,
perpendicular al eje longitudinal del
auto (lugar donde viajaban los
fallecidos), como consecuencia de un
fuerte golpe que deformó sustancialmente
el monochasis y el techo, cuyas
características y dimensiones se
corresponden con el tronco del árbol
referido.
El dictamen médico
forense indica que Oswaldo Payá falleció
instantáneamente a consecuencia de un
traumatismo craneoencefálico como
resultado del fuerte impacto recibido;
mientras que Harold Cepero murió en el
hospital clínico quirúrgico Carlos
Manuel de Céspedes, de la ciudad de
Bayamo, debido a una insuficiencia
respiratoria aguda por tromboembolismo
pulmonar graso del lóbulo superior del
pulmón izquierdo, derivada de la
fractura fragmentada del fémur
izquierdo.
Ángel Francisco
Carromero declaró al Órgano de
Instrucción que no recordaba haber visto
la señalización que alerta sobre el
estado en que se halla la vía. Añadió
que irrumpió al terraplén a una
velocidad que no puede precisar, debido
a que no iba observando el cuentamilla y
al percatarse de que transitaba sobre
grava, intentó disminuir la velocidad
mediante un frenazo brusco y el auto
comenzó a resbalar de lado hasta
impactarse contra el árbol. Jens Aron
declaró que él estaba dormitando cuando
sintió el frenazo y el desplazamiento
lateral del vehículo; luego perdió la
conciencia.
A partir del análisis
lógico del tiempo de viaje (cerca de
ochocientos kilómetros en menos de ocho
horas, con tres paradas intermedias),
las declaraciones de los testigos y el
estudio pericial del lugar del hecho y
el vehículo, el equipo investigativo
evaluó que Ángel Francisco Carromero
Barrios debió conducir a una velocidad
promedio superior a los 120 kilómetros
por hora y que fueron su falta de
atención al control del vehículo, el
exceso de velocidad y la incorrecta
decisión de aplicar los frenos de manera
abrupta en una superficie resbaladiza,
las causas que determinaron este trágico
accidente que costó la vida a dos seres
humanos.