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Mercaderes
del deporte se aprovechan del
hostigamiento a Cuba
A
propósito de un operativo en República
Dominicana que desmanteló a una
organización que realizaba tráfico de
personas con peloteros cubanos y sus
familiares
Oscar Sánchez Serra
Apresan a siete personas por trata de
peloteros cubanos; Detenidos por
facilitar salida de peloteros cubanos;
Autoridades desmantelan organización
criminal dedicada a la trata de
personas; Buscaban peloteros y
familiares en Cuba ¼
Esos titulares llamaban la atención
sobre un operativo el pasado fin de
semana, en República Dominicana, de la
Dirección Central de Inteligencia
Delictiva (DINTEL), que en coordinación
con la Procuraduría General de ese país,
desmontaron a un grupo de siete personas
que se dedicaban a establecer contacto
con peloteros de Cuba, sacarlos del
país, negociarles un contrato en las
llamadas Grandes Ligas del béisbol
estadounidense y obtener por ello
jugosas sumas de dinero.
A pesar de los cintillos, el
despliegue y de la puesta en libertad
provisional del grupo, el hecho no es
nuevo, persiste la idea de flagelar, de
atacar al béisbol cubano. Lo sucedido
solo viene a confirmar que se mantiene
el acoso, el robo de talentos y el
ataque a nuestra pelota.
Las razones son muy sencillas: es el
deporte nacional, reúne al pueblo en
torno a su campeonato, desborda
emociones, como las que acabamos de
vivir en los play off, hace florecer la
alegría y el orgullo de cubanos y
cubanas ¼ y
eso molesta.
Qué nos dicen los nombres de Manuel
Antonio Azcona, Edgar Mercedes, Héctor
Ferreira, Pedro Delgado, Ernesto Guidi,
Roberto Rodríguez o Yuniel Rodríguez,
los siete encartados por la DINTEL y la
Procuraduría General de la República
Dominicana.
Nada, ellos son los mercaderes que se
aprovechan de una línea que, aupada,
tolerada y promocionada desde los
Estados Unidos favorece estos hechos
delictivos de tráfico de personas,
amparados por demás en legislaciones
imperiales como la Ley de Ajuste Cubano.
Recuerdo en mayo de 1999, en la
conferencia de prensa previa al partido
de Cuba frente a los Orioles de
Baltimore, en aquella ciudad
norteamericana, cuando Luis Ulacia,
torpedero de esa selección nacional
contestó la pregunta de ¿a los peloteros
cubanos no les gustaría jugar en las
Grandes Ligas, y por qué se lo impiden?
El camagüeyano contestó: "A nosotros
sí nos gustaría, pero son ustedes
(Estados Unidos) quienes lo impiden. Por
qué para venir a jugar aquí tengo yo que
lanzarme al mar en una lancha, dejar a
mi familia, o buscarme a alguien que
luego meta al mismo mar a mis hijos,
negociar con alguien, darle dinero. Por
qué tengo que denigrar a mi país y
abandonarlo".
Los peloteros, entrenadores y
autoridades deportivas cubanas tienen, y
lo saben, que perfeccionar nuestro
béisbol, por lo que representa para el
país, y que pasa por la identidad
nacional de este pueblo. Sin embargo,
por esa misma cubanía no se haría nunca
a costa de renunciar a sus principios.
Este es un país
bloqueado, asediado por la potencia más
poderosa del planeta, pero como
argumentó el Comandante en Jefe el 4 de
mayo de 1999: "¼
nunca le ha arrebatado un solo atleta a
un solo país del mundo, y nuestros
profesores e instructores han trabajado
por miles de ellos, en muchos países". |